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LÍBANO - TOLIMA, LA CUNA QUE MERECE EL PRIMER MUSEO INTERNACIONAL DEL CAFÉ

Miguel Bermúdez propone la creación del primer Museo Internacional del Café en Líbano (Tolima), destacando su relevancia histórica desde 1870 como cuna de la producción cafetera del departamento. Sostiene que, a diferencia de los museos existentes enfocados únicamente en ámbitos locales o nacionales, este espacio debe recopilar la historia universal del grano desde Etiopía hasta América, posicionando al municipio y al Tolima como un referente cultural y turístico a nivel global.
Zona Impacto
octubre 18, 2026

Por: Miguel Bermúdez Jaime

En 1864, un general llamado Isidro Parra llegó a lomo de mula a un valle de cedros en el norte del Tolima, cargando apenas un piano y un puñado de libros; tal vez el general no sabía que estaba fundando no solo un pueblo, sino el corazón cafetero de un departamento entero. Pocos años después, hacia 1870, trajo desde Sasaima y Viotá las primeras semillas de café que se sembrarían en esas montañas, y así nació el Líbano, y con él, una vocación que marcaría su historia para siempre.

Durante las décadas siguientes, el Líbano se convirtió en el primer gran centro cafetero del Tolima; haciendas como La Aurora y fincas legendarias como La Noria, La Cuna y La Gregorita, en la región del río Lagunilla, produjeron un grano que ya para 1900 era apreciado en el mundo entero.

El café no solo transformó la economía, sino que además tejió una cultura completa, con su propia gastronomía, sus fiestas, su música y hasta sus formas particulares de trabajo en el campo, que todavía hoy se sienten en cada rincón del municipio.

Desde esta columna, quiero poner sobre la mesa una propuesta: si el café transformó la vida de más de 500.000 familias colombianas, y si el Líbano fue uno de sus puntos de origen más importantes, ¿por qué Colombia no tiene todavía un museo que esté a la altura de esa historia? Un museo internacional del café, ubicado precisamente en el Líbano, podría contar no solo nuestra historia, sino la historia universal del café, desde sus orígenes en Etiopía hasta su llegada a América, conectando al visitante con una bebida que ha movido economías, culturas y generaciones enteras en todo el mundo.

Convertir al Líbano en ese punto de encuentro global —y esto no es una simple ocurrencia— es una apuesta de liderazgo y de región. Por eso, este es un llamado a que unidos nos sumemos a una visión que trascienda lo simbólico, para que desde la misma tierra que vio nacer los primeros cafetales del departamento bien podría convertirse en la capital simbólica del café para el mundo entero; y aquí vale una precisión importante: en el mundo existen museos del café en Costa Rica, Guatemala, Brasil, Alemania, Italia y Austria, además del Museo Nacional del Café en Quindío. Pero todos, sin excepción, cuentan la historia de su propio país o de su propia región; ninguno recopila la historia universal del café, esa que atraviesa continentes, desde Etiopía hasta América, desde las rutas coloniales hasta las tazas que hoy se sirven en cualquier rincón del planeta. Ese museo verdaderamente internacional no existe todavía en ninguna parte del mundo.

Por eso, la propuesta no es menor: el Líbano tiene la oportunidad histórica de ser el primero en ocupar ese lugar vacío en el mapa cultural del café mundial; y no se trata de competir con el Parque del Café ni con ningún otro museo nacional, sino de construir algo distinto y sin precedentes, un espacio que conecte al Tolima con la historia cafetera de todo el planeta.

La misma tierra que vio nacer los primeros cafetales del departamento bien podría convertirse en la capital simbólica del café para el mundo entero.

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