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Ibagué: ¿Crecer hacia afuera o hacia adentro? El dilema pendiente del POT

Gabriel Díaz plantea que Ibagué enfrenta el dilema entre una expansión urbana acelerada hacia las periferias —carente de servicios públicos esenciales y movilidad adecuada— y un modelo de densificación inteligente. Defiende la necesidad de apostar por una ciudad compacta mediante la renovación urbana y exige que el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se convierta en un pacto técnico y ambientalmente sostenible que optimice la infraestructura existente, proteja los recursos hídricos y garantice una mejor calidad de vida a sus ciudadanos.
Zona Impacto
octubre 6, 2026

Por: Gabriel Diaz

Ibagué se mueve a un ritmo acelerado, pero la pregunta clave sigue sobre la mesa: ¿estamos construyendo ciudad o simplemente acumulando metros cuadrados de concreto? Mientras los proyectos de vivienda y comercio siguen expandiendo la frontera urbana hacia las periferias —a menudo desconectadas de las troncales viales y de los servicios públicos esenciales—, el corazón de la ciudad y las zonas estratégicas consolidadas sufren de vacíos urbanísticos y subutilización. El verdadero desarrollo no se mide en cuántos kilómetros cuadrados abarcamos, sino en qué tan eficientes, habitables y humanas hacemos nuestras áreas urbanas.

El diagnóstico de este modelo muestra profundas contradicciones. Por un lado, caemos en la trampa de la expansión sin servicios: crecer hacia los extremos sin una sincronización real con redes de acueducto, alcantarillado y movilidad genera cuellos de botella monumentales. Las soluciones parche, como depender de acueductos veredales al límite o intentar solucionar los colapsos viales con ampliaciones tardías, ya no dan abasto. Por otro lado, el costo de esta desconexión es altísimo: una ciudad extendida encarece la prestación de servicios públicos, presiona los cordones ecológicos y obliga a los ciudadanos a perder horas valiosas en desplazamientos cotidianos que fracturan la vida en comunidad.

Frente a este escenario, la alternativa exige un cambio de paradigma hacia la densificación inteligente. Es imperativo apostar por un modelo de ciudad compacta que incentive la renovación urbana en sectores centrales e intermedios con infraestructura ya instalada, optimizando el suelo disponible sin asfixiar el espacio público ni comprometer los pulmones verdes.

Para lograrlo, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) no puede seguir siendo letra muerta ni un instrumento atado a las urgencias de las coyunturas políticas. Debe convertirse en un pacto técnico y social que blinde las fuentes hídricas, integre de verdad la movilidad sostenible —dando prioridad al peatón, a la bicicleta y a un transporte público eficiente— y exija cargas urbanísticas justas a los grandes desarrolladores para compensar el impacto en el espacio común.

El desarrollo de Ibagué exige dejar atrás la improvisación y asumir una visión a largo plazo. Una ciudad moderna no es la que más se extiende, sino la que mejor conecta sus oportunidades con la calidad de vida de sus habitantes. Si no rediseñamos nuestra forma de habitar el territorio hoy, mañana el territorio nos pasará la factura.

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